lunes, 17 de febrero de 2014

La muerte silenciada

Este es un trabajo que realice esta semana para mis clases de Psicología de la Salud. Os dejo el enlace del video que nos pusieron en clase y a continuación el trabajo:

Video/Documental: http://www.youtube.com/watch?v=o9dL7bp3jjs


La muerte silenciada

 

La OMS define el suicidio como “un acto con resultado letal, deliberadamente iniciado y realizado por el sujeto, sabiendo o esperando su resultado letal y a través del cual pretende obtener los cambios deseados”. Por otro lado el parasuicidio lo define como “un acto sin resultado fatal mediante el cual, sin ayuda de otros, una persona se autolesiona o ingiere sustancias con la finalidad de conseguir cambios a través de las consecuencias actuales o esperadas sobre su estado físico”.

Se trata de un término que proviene de dos vocablos latinos, sui y cidium, que vendrían a significar matarse a sí mismo. Se calcula que cada año se cometen 900 000 suicidios. Esto significa una muerte cada 40 segundos. El suicidio se encuentra entre las tres primeras causas mundiales de muerte en personas de 15 a 44 años.

Entre las conductas que pueden ser un indicador de un suicidio inminente, aparecen los deseos de muerte que pueden ser expresados con frases como “mi vida ya no tiene sentido” o “no encuentro un motivo para vivir”, además de la incapacidad de descargar las angustias, el agotamiento de la vida social, el comportamiento impulsivo y la introversión acentuada.

Los dos últimos síntomas son claramente opuestos entre sí. En el caso del comportamiento impulsivo se suele asociar a personas de carácter fuerte y aparente seguridad en sí mismas, mientras que en la introversión acentuada las personas sienten que no son dignas de la atención o el cariño de los demás. Analizando profundamente a una persona, todas estas suposiciones pierden peso, ya que se alcanza un nivel de complejidad que siempre termina llevándonos al mismo punto: la infancia.

Antes de la pubertad, tanto el suicidio como la tentativa son excepcionales, posiblemente debido a la inmadurez cognitiva que dificulta la ideación del plan y su ejecución y a que algunos niños pueden no apreciar el suicidio como un hecho irreversible. Sin embargo, aumentan en la adolescencia asociados a la presencia de comorbilidad, especialmente trastornos del estado de ánimo y abuso de tóxicos.
 
 

 

Se estima que las dos terceras partes de quienes se quitan la vida sufren depresión y que los parientes de los suicidas tienen un riesgo más elevado (hasta cinco veces más) de padecer tendencias al respecto. El padecimiento psíquico más común es la depresión.

La presencia de sintomatología depresiva aumenta el riesgo en ambos sexos y se observa que los trastornos depresivos están presentes en el 49%-64% de los adolescentes que se suicidan y que es la patología más prevalente. Muchos estudios concretan que la depresión mayor incrementa el riesgo de suicidio hasta 12 veces, especialmente si la desesperanza es uno de los síntomas.

En cuanto a otros tipos de trastornos asociados hay autores que han asociado la conducta suicida con la esquizofrenia, con el trastorno bipolar, con trastornos de la personalidad (eje II) y con ciertos rasgos de esta (autoestima, impulsividad, ira y agresividad).

Sin embargo, el factor más determinante del suicidio es que la persona haya hecho un intento previo, sobre todo en el caso de los varones. Algunos estudios ponen de manifiesto que aproximadamente el 50% de los adolescentes que llevan a cabo un intento de suicidio serio han cometido al menos un intento previo.

Por otro lado, en el caso de adolescentes, sufrir bullying o acoso escolar es predictor de ideaciones y conductas suicidas.

Debido a la situación económica actual por la que atraviesa el país, según las últimas cifras del INE, los casos de suicidio crecieron en España un 11,3% con respecto a 2011, y desde 2007 son la principal causa de muerte no natural, llegando a los 3.539 casos, la cifra más alta desde que se recogen estas estadísticas en España, hace más de 100 años. Son datos realmente alarmantes, sin embargo los medios de comunicación no hacen eco de ellos.

Durante años se ha mantenido la idea de que informar sobre los casos de suicidio producía un efecto imitación que era deber de los medios evitar. En parte, esta tesis se basa en la famosa ola de suicidios –se dice que hasta 2.000 jóvenes se quitaron la vida– que se desencadenó en la Europa del siglo XVIII tras la publicación de la novela de Goethe Las desventuras del joven Werther.

Referente a este tema hay muchos estudios, pero me ha llamado la atención uno en concreto, “Estudio de la imitación como factor de riesgo para ideación suicida en estudiantes universitarios adolescentes”. Este estudio apoya la idea de que los adolescentes con aislamiento social, trastornos de ansiedad y uso de sustancias psicoactivas tienen mayor riesgo de imitación si el suicidio lo comete un amigo. La imitación desempeña de esta manera un papel importante como factor de riesgo en algunos grupos de adolescentes, principalmente cuando hay coexistencia de trastornos psiquiátricos.

No obstante, yo estoy en contra de que se oculten este tipo de noticias. La imitación en sí misma no es ni buena ni mala. La mayoría de las cosas que hacemos en la vida las hemos aprendido imitando a otros, el problema es a quien tomamos como modelo a imitar.

Me ha llamado la atención como en el documental hablan del suicidio en ciertos momentos como trastorno mental transitorio. Este término es muy conocido ya que desde hace un tiempo se ha puesto de moda, en muchos casos de asesinato, por ejemplo. El trastorno mental transitorio es aquella situación en la que un individuo, previamente sano, tiene una alteración de su conciencia o de su voluntad que le llega a anular y que pasado esta situación vuelve a recuperar la normalidad.

A mi entender el suicidio no estaría considerado como un trastorno mental transitorio, entre otras cosas porque la persona que se va a quitar la vida es consciente de lo que está haciendo. Hay una intencionalidad, y una preparación del acto suicida, tiene premeditación y alevosía. Por otro lado antes de cometer el acto no podríamos considerarlos personas “normales” porque como hemos señalado anteriormente muchos de ellos tienen sintomatología depresiva. Y por otro lado ¿hasta qué punto vuelven a la normalidad? Una persona que ha intentado quitarse del medio, ¿cómo puede llegar a sentirse normal de nuevo?. Me parecen cuestiones muy difíciles.

Otro concepto que me ha llamado la atención y sobre el que he querido investigar un poco es el tema del arrepentimiento. Las personas que se han intentado quitar la vida no siempre muestran sentimientos de arrepentimiento, muchos de ellos sientes frustración por no haber podido llevar a cabo su plan. Son estos últimos los que posiblemente realicen otro intento de suicidio porque no sienten ninguna culpabilidad, únicamente ven su propio fracaso.

Otro término que me llamo la atención fue el de suicidio asistido, popularmente conocido como eutanasia. Se trata de la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente, con su conocimiento o sin él, con la intención de evitar sufrimientos.

Referente a este tema hemos tenido mucha polémica, sobre si debería ser legal o no, y según tengo entendido de momento no es legal, a no ser que la persona esté sufriendo mucho y no pueda mantenerse atado a la vida, que lo mantenga una maquina. En este caso no lo consideraría un suicidio, porque son personas terminales, y por ello no creo que sea comparable a un suicidio normal. Únicamente están evitándoles sufrir adelantándoles el momento de morir.

Finalmente es interesante concluir añadiendo posibles medidas para reducir el riesgo tanto a nivel comunitario como a nivel nacional. La OMS nos propone las siguientes:

·         reducir el acceso a los medios para suicidarse.

·         tratar a las personas con trastornos mentales, y en particular a quienes padecen depresión, alcoholismo o esquizofrenia.

·         seguimiento de los pacientes que han cometido intentos de suicidio.

·         fomentar un tratamiento responsable del tema en los medios de comunicación.

·         formar a los profesionales de la atención primaria de salud.


Con estas pautas seguramente no se reduzcan los intentos de suicidio, pero seguramente estemos más preparados para prevenir que los intentos se lleven a cabo.

Por otro lado, aparte de la cantidad de información que tenemos en la red, las comunidades autónomas suelen tener servicios a disposición de la ciudadanía que requiera ayuda para este y otros temas. Por último me gustaría mencionar que la Consejería de Sanidad ha editado la guía de autoayuda 'Prevención del suicidio. ¿Qué puedo hacer?', dirigida a personas afectadas por ideas suicidas, a las que trata de dar información "veraz y objetiva" sobre esta conducta así como los pasos para crear un "plan de seguridad establecido por el propio paciente".

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