Video/Documental: http://www.youtube.com/watch?v=o9dL7bp3jjs
La muerte silenciada
La OMS
define el suicidio como “un acto con resultado letal, deliberadamente iniciado
y realizado por el sujeto, sabiendo o esperando su resultado letal y a través
del cual pretende obtener los cambios deseados”. Por otro lado el parasuicidio
lo define como “un acto sin resultado fatal mediante el cual, sin ayuda de
otros, una persona se autolesiona o ingiere sustancias con la finalidad de
conseguir cambios a través de las consecuencias actuales o esperadas sobre su
estado físico”.
Se
trata de un término que proviene de dos vocablos latinos, sui y cidium, que
vendrían a significar matarse a sí
mismo. Se calcula que cada año se
cometen 900 000 suicidios. Esto significa una muerte cada 40 segundos. El
suicidio se encuentra entre las tres primeras causas mundiales de muerte en
personas de 15 a 44 años.
Entre las
conductas que pueden ser un indicador de un suicidio inminente, aparecen los
deseos de muerte que pueden
ser expresados con frases como “mi vida ya
no tiene sentido” o “no
encuentro un motivo para vivir”, además de la incapacidad de
descargar las angustias, el agotamiento de la vida social, el comportamiento
impulsivo y la introversión acentuada.
Los dos
últimos síntomas son claramente opuestos entre sí. En el caso del
comportamiento impulsivo se suele asociar a personas de carácter fuerte y
aparente seguridad en sí mismas, mientras que en la introversión acentuada las
personas sienten que no son dignas de la atención o el cariño de los demás. Analizando
profundamente a una persona, todas estas suposiciones pierden peso, ya que se
alcanza un nivel de complejidad que siempre termina llevándonos al mismo punto:
la infancia.
Antes de la
pubertad, tanto el suicidio como la tentativa son excepcionales, posiblemente
debido a la inmadurez cognitiva que dificulta la ideación del plan y su
ejecución y a que algunos niños pueden no apreciar el suicidio como un hecho
irreversible. Sin embargo, aumentan en la adolescencia asociados a la presencia
de comorbilidad, especialmente trastornos del estado de ánimo y abuso de tóxicos.
Se estima
que las dos terceras partes de quienes se quitan la vida sufren depresión y que los parientes de los suicidas tienen un
riesgo más elevado (hasta cinco veces más) de padecer tendencias al respecto. El
padecimiento psíquico más común es la depresión.
La presencia
de sintomatología depresiva aumenta el riesgo en ambos sexos y se observa que
los trastornos depresivos están presentes en el 49%-64% de los adolescentes que
se suicidan y que es la patología más prevalente. Muchos estudios concretan que
la depresión mayor incrementa el riesgo de suicidio hasta 12 veces,
especialmente si la desesperanza es uno de los síntomas.
En cuanto a
otros tipos de trastornos asociados hay autores que han asociado la conducta
suicida con la esquizofrenia, con el trastorno bipolar, con trastornos de la
personalidad (eje II) y con ciertos rasgos de esta (autoestima, impulsividad,
ira y agresividad).
Sin embargo,
el factor más determinante del suicidio es que la persona haya hecho un intento
previo, sobre todo en el caso de los varones. Algunos estudios ponen de
manifiesto que aproximadamente el 50% de los adolescentes que llevan a cabo un
intento de suicidio serio han cometido al menos un intento previo.
Por otro
lado, en el caso de adolescentes, sufrir bullying o acoso escolar es predictor de ideaciones y conductas suicidas.
Debido a la situación económica actual por la que atraviesa
el país, según las últimas cifras del INE, los casos de suicidio crecieron en
España un 11,3% con respecto a 2011, y desde 2007 son la principal causa de
muerte no natural, llegando a los 3.539 casos, la cifra más alta desde que se
recogen estas estadísticas en España, hace más de 100 años. Son datos realmente
alarmantes, sin embargo los medios de comunicación no hacen eco de ellos.
Durante años se ha mantenido la idea de que informar sobre
los casos de suicidio producía un efecto imitación que
era deber de los medios evitar. En parte, esta tesis se basa en la famosa ola
de suicidios –se dice que hasta 2.000 jóvenes se quitaron la vida– que se
desencadenó en la Europa del siglo XVIII tras la publicación de la novela de
Goethe Las desventuras del joven Werther.
Referente a este tema hay muchos estudios, pero
me ha llamado la atención uno en concreto, “Estudio de la imitación como
factor de riesgo para ideación suicida en estudiantes universitarios
adolescentes”. Este estudio apoya la idea de que los adolescentes con aislamiento social, trastornos de
ansiedad y uso de sustancias psicoactivas tienen mayor riesgo de imitación si
el suicidio lo comete un amigo. La imitación desempeña de esta manera un papel
importante como factor de riesgo en algunos grupos de adolescentes, principalmente
cuando hay coexistencia de trastornos psiquiátricos.
No obstante, yo estoy en contra de que se oculten este tipo
de noticias. La imitación en sí misma no es ni buena ni mala. La mayoría de las
cosas que hacemos en la vida las hemos aprendido imitando a otros, el problema
es a quien tomamos como modelo a imitar.
Me ha llamado la atención como en el documental hablan del
suicidio en ciertos momentos como trastorno mental transitorio. Este término es
muy conocido ya que desde hace un tiempo se ha puesto de moda, en muchos casos
de asesinato, por ejemplo. El trastorno mental transitorio es aquella situación
en la que un individuo, previamente sano, tiene una alteración de su conciencia
o de su voluntad que le llega a anular y que pasado esta situación vuelve a
recuperar la normalidad.
A mi entender el suicidio no estaría considerado como un
trastorno mental transitorio, entre otras cosas porque la persona que se va a
quitar la vida es consciente de lo que está haciendo. Hay una intencionalidad,
y una preparación del acto suicida, tiene premeditación y alevosía. Por otro
lado antes de cometer el acto no podríamos considerarlos personas “normales”
porque como hemos señalado anteriormente muchos de ellos tienen sintomatología
depresiva. Y por otro lado ¿hasta qué punto vuelven a la normalidad? Una
persona que ha intentado quitarse del medio, ¿cómo puede llegar a sentirse
normal de nuevo?. Me parecen cuestiones muy difíciles.
Otro concepto que me ha llamado la atención y sobre el que he
querido investigar un poco es el tema del arrepentimiento. Las personas que se
han intentado quitar la vida no siempre muestran sentimientos de
arrepentimiento, muchos de ellos sientes frustración por no haber podido llevar
a cabo su plan. Son estos últimos los que posiblemente realicen otro intento de
suicidio porque no sienten ninguna culpabilidad, únicamente ven su propio
fracaso.
Otro término que me llamo la atención fue el de suicidio
asistido, popularmente conocido como eutanasia. Se trata de la acción u omisión
que acelera la muerte de un paciente, con su conocimiento o sin él, con la
intención de evitar sufrimientos.
Referente a este tema hemos tenido mucha polémica, sobre si
debería ser legal o no, y según tengo entendido de momento no es legal, a no
ser que la persona esté sufriendo mucho y no pueda mantenerse atado a la vida,
que lo mantenga una maquina. En este caso no lo consideraría un suicidio,
porque son personas terminales, y por ello no creo que sea comparable a un
suicidio normal. Únicamente están evitándoles sufrir adelantándoles el momento
de morir.
Finalmente es interesante concluir añadiendo posibles medidas
para reducir el riesgo tanto a nivel comunitario como a nivel nacional. La OMS
nos propone las siguientes:
·
reducir el acceso a los medios para suicidarse.
·
tratar a las personas con trastornos mentales, y en particular a quienes
padecen depresión, alcoholismo o esquizofrenia.
·
seguimiento de los pacientes que han cometido intentos de suicidio.
·
fomentar un tratamiento responsable del tema en los medios de comunicación.
·
formar a los profesionales de la atención primaria de salud.
Con estas pautas seguramente no se reduzcan los
intentos de suicidio, pero seguramente estemos más preparados para prevenir que
los intentos se lleven a cabo.
Por otro lado, aparte de la cantidad de información
que tenemos en la red, las comunidades autónomas suelen tener servicios a
disposición de la ciudadanía que requiera ayuda para este y otros temas. Por
último me gustaría mencionar que la Consejería de Sanidad ha editado la guía de autoayuda
'Prevención del suicidio. ¿Qué puedo hacer?', dirigida a personas afectadas por
ideas suicidas, a las que trata de dar información "veraz y objetiva"
sobre esta conducta así como los pasos para crear un "plan de seguridad
establecido por el propio paciente".




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